jueves, 6 de diciembre de 2012

Facebook



no necesito saber que haces durante el día,
no me gusta enterarme de tus nuevos tenis, de la fiesta de la amiga de tu amiga, me da tristeza saber que piensas en gucci y que te gusta compartir mensajes del libro más prostituido de la historia.

Me lastima tener que ser directo y que con estos temas no pueda completar lo que debería,
enarbolar la vida misma con palabras y dejar que lo que hay por debajo de mi cuello salga y alucine maravillas.

Necesito dejar de hablar en tu idioma,
me gusta saber que hay mejores momentos en esta vida, a pesar del mucho daño que hay fuera,
me alegra que seamos de colores y que te guste compartir horas al día conmigo, caminando.

Presto atención a los ojos, a la boca, a tus cachetes, cejas y manos, el movimiento claro de tus pies, la hermosa tonalidad de tu voz, te conozco, te siento, te sé.
Sin embargo la frialdad y vulgaridad que a través de la pantalla se desata, el morbo de lo que está del otro lado, la falta de ojos, manos moviéndose, tonos de voz, se me hace hasta gran grado aterradora situación que me provoca síntomas específicos, que de triste a oscuros se coquetea con ambos y se derrama en desgracia por la triste vida.

Quiero jugar con palos, tierra y nuestras manos en espacios abiertos,
quiero nunca tener que simular que estamos cerca, que nos entendemos, que estamos satisfechos.
Entre hojas de colores, sonidos de viento, agua, bajo el sol que nos penetra para darle vida al día, ahí quiero pasar mis días, lejos de una mesa, de una silla, de una computadora, cerca de ti.

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